Ermitas de Lesaka I: Salbatore

Con esta entrada doy comienzo a una breve serie de tres capítulos sobre las ermitas de nuestro pueblo. En estos tres capítulos analizaremos la historia y evolución de estos tres pequeños y singulares templos de Lesaka: la ermita de San Salvador o Salbatore, la de San Antonio o San Antón y el hospital-ermita de la Magdalena, hoy en día desaparecido.

M.A. Tapia Arriada

El contenido de estos artículos está basado en las investigaciones que realice en 2016 para el último capítulo del libro Piedra, hierro y papel. Trayectoria histórica de la villa de Lesaka. Dicho libro vio la luz gracias a la colaboración acordada entre el Ayuntamiento y Eusko Ikaskuntza (la historia es más larga, pero lo dejaremos ahí), y fue un gran placer para mí participar en él escribiendo el apartado sobre el patrimonio religioso del pueblo; redacté esa sección con mucho gusto a partir de mi especialidad. La invitación para participar en aquel trabajo me la hizo la doctora Ana Zabalza Seguín, quien fue mi profesora de Historia Moderna.

Como el libro me obligaba por cuestiones de espacio a resumir la información, esta serie en el blog me brinda una magnífica oportunidad para recuperar valiosos detalles, datos y curiosidades que entonces no vieron la luz. El lector que desee conocer las fuentes con mayor profundidad encontrará la bibliografía completa en aquella publicación de 2016. 

Comenzaremos esta serie sobre las ermitas con la de Salbatore. Debo confesar que le tengo un cariño especial a este pequeño edificio, principalmente por recuerdos de la infancia. Recuerdo perfectamente, siendo muy niño, hacer el Vía Crucis con mis padres la mañana del Viernes Santo («Jauna damu zait zu iraindua…») y entrar en aquella ermita oscura que estaba casi a punto de caerse: ver a punto de colapsar aquel bonito coro rematado con tribunas de madera, aquellos altares tan diferentes, aquel Cristo tan distinto a lo que estaba acostumbrado y el techo en vías de derrumbe. Para mí, poder entrar en aquel pequeño edificio era una verdadera aventura, ya que no se podía acceder al interior muy a menudo.

Salbatore antes de la reforma

Navarchivo.com

Hablando del origen del edificio, es difícil conocer la fecha exacta de su fundación. Sin embargo, si analizamos los elementos arquitectónicos que posee, parece que el origen del templo está ligado a la época de formación del casco urbano de Lesaka. La estructura del pueblo parece haberse consolidado en el último cuarto del siglo XIV y diría que la construcción de la ermita es algo posterior, tal vez de principios del siglo XV; por lo tanto, es sin duda uno de los edificios más antiguos que se mantienen en pie en la localidad.

A pesar de ser tan antigua, los primeros documentos escritos directos sobre Salbatore datan de 1567. En aquel año se realizó un inventario de los bienes de la parroquia, ya que la villa de Lesaka, junto con otros territorios navarros que hasta entonces dependían de la diócesis de Bayona, pasó al obispado de Pamplona como consecuencia de las negociaciones de Felipe II con el Papa, para que los territorios bajo el dominio de la Corona española estuvieran regidos por autoridades eclesiásticas de la misma corona. Navarra, desde la época de la conquista, quedó unida a Castilla.

Aquel registro mencionado de 1567 advertía del mal estado de la ermita. Un año más tarde, en 1568, los libros parroquiales recogían textualmente lo siguiente:

«Ite hay otra ermita de la bocación de San Salvador no tiene renta ni bienes nengunos, ay cofradia, della está a mitad derribar y agora en el año 1568 se a renobado».

Por lo que dice el texto, Salbatore también contaba con una cofradía, como era habitual en aquella época.

Por otro lado, ese constante riesgo de derrumbe y las posteriores restauraciones y recuperaciones se han repetido una y otra vez a lo largo de la vida del edificio.

Sin embargo, los libros de cuentas que se conservan en el Archivo Parroquial muestran que la ermita tuvo una gran actividad económica en el pasado. En estos libros figuran las recaudaciones de los cepillos de limosna y los gastos realizados en trabajos de mantenimiento. Es muy significativo, por ejemplo, este escrito de 1616:

«Item da por descargo doze due’s [ducados] y diez reales que ha pagado a Juea de Agesta cantero por abrir la pared de la hermita de S. Salvador y poner la texa de yerro en ella».

En el mismo año, 1616, se encargó la fabricación de una campana para la espadaña, ya que el templo no disponía de ella; según los recuerdos de los vecinos, su sonido claro llegaba perfectamente hasta el pueblo. Diez años más tarde, en 1626, consta que se pagaron 9 ducados al pintor Leonardo de Orbaiceta para «encarnar» (es decir, dar el color de la piel y policromar) la imagen del Cristo gótico.

Geográficamente, se encuentra a medio camino entre el puente de Lesaka y el casco urbano. Está rodeada por la carretera nacional al norte y por el nuevo carril bici (bidegorri) al sur. Como curiosidad, durante las obras para la realización de dicho carril bici se encontró una antigua calera o kislabe muy cerca de la ermita.

En cuanto a la arquitectura, aunque tiene un diseño simple, Salbatore es un edificio singular. Posee una planta rectangular alargada, orientada en dirección Este-Oeste. Mide 21,20 metros de largo por 9,90 metros de ancho, y sus muros tienen un grosor de 70 centímetros.

Salbatore. Planta actual. Egoitz TE

En los muros se aprecian diferentes tipos de piedra dispuestos de abajo hacia arriba: hasta la mitad de la altura cuentan con sillares trabajados y en la parte superior presentan una piedra más irregular (sillarejo). Sobre el edificio se alza una curiosa espadaña de piedra y madera; aunque antiguamente tenía campana, hoy en día alberga una cruz. La entrada principal, que actualmente da hacia el sur, está formada por un arco apuntado y dobelado de sillería.

Espadaña. Dibujo de Caro Baroja. Julio Caro Baroja. Monumentos Religiosos de Lesaka. 1932.

Espadaña en la actualidad. M.A. Tapia Arriada

Conserva varias saeteras (ventanas estrechas) medievales y la mayoría de las ventanas están orientadas al sur para aprovechar la luz. Un detalle muy interesante es la pila de agua bendita situada en el muro norte: su ubicación demuestra que la ventana contigua —la que hoy da a la carretera— fue en el pasado la entrada principal, algo que se aprecia fácilmente desde el interior. Además, cabe destacar que en las piedras de las paredes hay grabadas doce cruces a modo de marca o decoración, de forma similar a como se hace en las basílicas.

Antiguo acceso. Egoitz TE

El interior es sumamente sencillo y funcional. La única nave está dividida en dos partes: por un lado, el espacio con bancos para los fieles y, por otro, el espacio diáfano posterior bajo el coro, que hace las funciones de sacristía durante la misa. En la cabecera hay tres altares de piedra, aunque solo el central conserva su retablo. Este retablo central es una obra barroca del siglo XVII. Consta de un cuerpo central flanqueado por dos columnas acanaladas de orden corintio y se remata en la parte superior (ático) con un frontón triangular.

Entre las columnas se encuentra la obra de arte más importante de la ermita: una excelente talla de madera policromada de Cristo crucificado, perteneciente a la escuela hispano-flamenca de la segunda mitad del siglo XV. Destaca por la anatomía realista del torso, el bello plegado del paño dorado de la cintura y el trabajo del rostro, que transmite una gran paz y serenidad. Cómo pudo llegar una pieza de semejante categoría a esta ermita… es un absoluto misterio.

Cristo crucificado en la década de 1920. J.Caro Baroja

Cristo crucificado en 2001. Navarchivo.com

Por su parte, en la pintura del ático aparece San Francisco de Asís con una calavera. En la iconografía de la época, esta imagen recordaba la fugacidad de la vida (memento mori). Hace referencia directa al famoso Cántico de las Criaturas escrito por el santo italiano, concretamente a los versos dedicados a la «hermana muerte», donde se dice que serán bienaventurados quienes vivan según la voluntad de Dios:

«Laudato si', mi' Signore, per sora nostra morte corporale, da la quale nullu homo vivente pò skappare: guai a-cquelli che morrano ne le peccata mortali: beati quelli ke trovarà ne le tue sanctissime voluntati, ka la morte secunda no 'l farrà male.»

(«Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar. ¡Ay de aquellos que mueran en pecado mortal! Bienaventurados aquellos a quienes encuentre en tu santísima voluntad, pues la muerte segunda no les hará mal»).

En los laterales del retablo se encuentran esculturas modernas (de principios del siglo XX) de la Virgen y San Juan Evangelista. Estas imágenes estuvieron guardadas durante largas décadas en la Serotegia (la casa de la serora o sacristana), en el primer piso.

Crucificado del siglo XV y San Francisco de Asís. Egoitz TE

Hasta que se realizaron las obras de reforma en el año 2000, cada uno de los altares laterales de piedra contaba con su propio retablo barroco del siglo XVII, pero llegaron a nuestros días en muy mal estado, repintados en múltiples ocasiones y sin imágenes. Por ello, tuvieron que ser desmontados, y hoy en día el banco de uno de ellos se utiliza como base o peana para la imagen de Cristo yacente. Este hermoso Cristo gótico se recuperó de los almacenes de la parroquia; era el que antiguamente salía en las procesiones del Viernes Santo, hasta que se compró el actual procedente de los talleres de Olot. Para completar el espacio litúrgico actual, en el centro hay una mesa-altar de madera y en las paredes un Vía Crucis de madera del siglo XIX, íntegramente restaurado.

Egoitz TE

La estructura antigua del interior de Salbatore era verdaderamente espectacular y recordaba a la arquitectura de las iglesias del País Vasco francés. El coro original no se limitaba a la entrada; al contrario, se prolongaba a modo de galería o corredor de madera por los laterales de la nave, llegando casi hasta los altares. Esa gran estructura de carpintería estaba asentada sobre cuatro robustas columnas de mampostería. Para subir a esta tribuna superior había dos escaleras: una bajo el coro y otra que ascendía desde la nave. Los más ancianos del pueblo recuerdan, además, que esa estructura contaba con un pequeño púlpito en el lado derecho (de la Epístola).

Estructura del coro vista desde la galería derecha. Década de 1920. Julio Caro Baroja. Monumentos Religiosos de Lesaka. 1932.

Esta distribución del espacio respondía a una rigurosa tradición y jerarquía. En la fiesta de la ermita, los hombres debían ocupar las galerías superiores y el coro para seguir la misa; la parte inferior, en cambio, quedaba reservada exclusivamente a las mujeres. Así lo dejó escrito el antropólogo Julio Caro Baroja en su estudio sobre el patrimonio religioso de Lesaka.

En las reformas actuales, obligados por los recursos económicos disponibles, tan valiosa estructura fue sustituida por un coro de madera más elevado y sencillo. Hoy en día se accede a él a través de una única escalera situada a la izquierda de la entrada. En este coro todavía puede verse el hueco de la ventana o puerta que antiguamente se utilizaba para pasar directamente a la casa del ermitaño.

Adosada a la esquina suroeste de la ermita se encontraba la vivienda del ermitaño. Dicha casa ya no existe en la actualidad; una pared a media altura y una portezuela son el único recuerdo de ella. El propio Caro Baroja la documentó en su momento, señalando que estaba deshabitada y casi en ruinas.

Planta original de Salbatore. 1932. Julio Caro Baroja. Monumentos Religiosos de Lesaka. 1932.

El cargo de ermitaño exigía una gran responsabilidad: cuidar la ermita a diario, encender las luces y ayudar en la misa. Los candidatos no se elegían de cualquier manera; debían superar un riguroso examen de Doctrina Cristiana y liturgia eclesiástica para demostrar que sabían asistir correctamente al sacerdote en el altar, y necesitaban la aprobación del vicario.

Gracias a estos valiosos documentos, hoy podemos conocer los nombres de varios vecinos que habitaron en la ermita. Así, sabemos que antes de 1770 el cargo lo ocupó el sacerdote Don Alejandro de Arburua, y que ese mismo año figura Pedro de Arbelaiz como ermitaño provisional. Más tarde, entre los años 1805 y 1815, las cuentas de la iglesia muestran nuevas disposiciones y el nombramiento de un vecino llamado Juan Mocorrea (o Mocoroa); en 1827, por su parte, el cargo recaía en Juan Antonio Ochoteco, quien vivió un episodio bastante curioso, ya que fue destituido de su puesto por no demostrar la destreza y habilidad necesarias para ayudar al sacerdote en el altar durante la Eucaristía. Este oficio tan tradicional como peculiar se mantuvo vivo en la localidad hasta finales del siglo XIX o principios del siglo XX, momento en que la casa quedó definitivamente vacía y el paso del tiempo inició su derrumbe.

Ermita y casa del ermitaño todavía en pie. Julio Caro Baroja. Monumentos Religiosos de Lesaka. 1932.

En torno al último morador de la ermita existe también una crónica negra popular, una historia que me contó Guillermo Agara hace ya muchos años, transmitida a su vez por sus mayores. Según los datos de los que disponemos, este trágico suceso debió de ocurrir a principios de la primera década del siglo XX.

Cuenta el relato que dos jóvenes del pueblo comenzaron a citarse a escondidas al anochecer en los alrededores de la ermita, aprovechando la soledad del lugar. Aquel encuentro estaba rodeado de secreto y escándalo, pues ambos jóvenes estaban comprometidos para casarse con otras personas. Cuando el ermitaño los sorprendió de improviso, el chico lo amenazó gravemente, exigiéndole un silencio absoluto sobre lo visto. Sin embargo, no parece que la discreción fuera la mayor virtud del guardián del templo. Poco tiempo después, a media tarde, llamaron con urgencia a la puerta del caserío Tomasenekoborda. Al abrir la puerta, la familia encontró al ermitaño malherido, sosteniéndose las vísceras con las manos a causa de una profunda puñalada. El pobre ermitaño falleció esa misma noche en el umbral del caserío, firmando con su muerte el último y más oscuro capítulo en la historia de los moradores de Salbatore.

Volviendo a temas más amables, el excelente aspecto que luce Salbatore hoy en día se debe a la profunda restauración llevada a cabo a principios de los años 2000. Impulsada por el entonces vicario, D. Máximo Hernandorena —quien también recuperó la ermita de San Antón—, y gracias al trabajo vecinal de los jubilados y residentes de Lesaka, se pudo consolidar y salvar la estructura del edificio.

Se ejecutaron grandes obras: se sustituyó por completo el tejado a punto de colapsar, se limpiaron las fachadas de piedra, se renovaron el suelo y los bancos y se reconstruyó el coro de madera. Además, este proyecto sirvió para recuperar, restaurar e integrar en la ermita varias obras de arte que permanecían olvidadas en los almacenes parroquiales.

Durante aquella campaña se restauró íntegramente el magnífico Cristo gótico, retirando capas de repinte acumuladas durante años y recuperando la policromía original que se aprecia hoy, dejando al descubierto la extraordinaria calidad de la obra. En cambio, dado que los retablos laterales estaban muy deteriorados, se optó por retirarlos; el banco de uno de ellos se utilizó como base para el Cristo yacente, de forma muy acertada.

El retablo mayor central se limpió y consolidó por completo. La mesa del altar, por su parte, fue pintada en tonos dorados y azul oscuro por el sacerdote D. Alfonso Garciandia, sucesor de Hernandorena, tomando como referencia las formas rocalla del retablo mayor de la parroquia de Lesaka y la peana del Sagrado Corazón de Jesús.



Inauguración de la restauración de Salbatore. Navarchivo.com

A diferencia de lo que ocurre en otros santuarios del entorno de Navarra, hoy en día no se conservan exvotos (ofrendas de agradecimiento) en la ermita de San Salvador, ni existe la costumbre de realizar una gran romería en la festividad de su titular. Esta devoción ha tenido siempre un carácter muy popular, íntimo y vecinal, por tratarse de la ermita del barrio de Frain. En la actualidad se abre al público el Viernes Santo y el día de la Ascensión.

Como curiosidad histórica y etnográfica, recuerdo que mi difunto abuelo, Ramón Telletxea Ramontxo Xumus, mencionaba que ante la puerta de Salbatore, donde hoy discurre la carretera, se celebraba el juego de la gansa (antzara jokua), pero a caballo. No sabría decir con certeza si él llegó a conocerlo o si hablaba de oídas. Posteriormente he podido confirmar este llamativo dato en los libros, gracias a los escritos que dejaron el Padre Donostia y Julio Caro Baroja. Ambos hablan de esta costumbre en pasado y escriben sobre ella en la década de 1920.

Asimismo, gracias a las valiosas grabaciones del proyecto Ahotsak, contamos con el testimonio del recientemente fallecido Pedro Lantze. Persona muy querida en el pueblo, Pedro fue herrero, artista y nuestro alcalde, un hombre que conocía en profundidad las pequeñas historias, anécdotas y relatos locales. Atendiendo a la cronología y a los documentos conservados, resulta difícil que Pedro llegara a ver vivo ese juego de la gansa a caballo; muy probablemente su relato evocaba la transmisión oral recibida de sus mayores, manteniendo esa cadena hablada que otorga verdadero sentido a nuestro patrimonio.


Para finalizar, y aunque sea de manera muy esquemática, me gustaría hablar sobre las cruces que conducen hasta Salbatore. Nada más entrar en Lesaka y pasar por la ermita de Salbatore, comienzan a verse cruces de piedra a los lados del camino. Dichos monumentos hacen la función de Vía Crucis y, al margen de la devoción personal, se utilizan el Viernes Santo para recordar el camino que Jesucristo recorrió hacia el Calvario.

La celebración comienza en la primera cruz, en la casa que hoy conocemos como Fonda Maria —que en su tiempo fue ermita u hospital de la Magdalena—. Son catorce las cruces repartidas a lo largo del camino hasta Salbatore. Este Vía Crucis debió de erigirse en el siglo XVIII, según se deduce de los documentos que se custodian en la parroquia.

Las piezas de piedra que componen este conjunto piadoso han corrido diversa suerte; es decir, aunque algunas se conservan bien, otras se encuentran en un estado lamentable. A lo largo de los siglos XX y XXI, debido a diversas obras realizadas en la carretera, muchas cruces se han movido de su emplazamiento original y algunas han sufrido daños. Es habitual observar en esas intervenciones cómo el brazo inferior roto de la cruz se sustituye con el propio fuste que sostiene la pieza.

Cabe destacar la cruz de la penúltima estación, que tiene esculpidos los instrumentos de la Pasión de Cristo, aunque de una factura un tanto tosca. Las demás piezas no presentan detalles dignos de mención.

Calvario de la penúltima estación. Egoitz TE

Es de suponer que antes de este camino del Calvario pudiera existir otro, según se entrevé en los documentos parroquiales anteriores al siglo XVIII.

Y ahora daré paso directamente a las palabras de D. Julio Caro Baroja:

A propósito de los Vía Crucis tenemos que decir algo en esta nota.

Es irritante el que algunos escritores franceses, poco escrupulosos como M. Cenac Moncaut, hayan tratado del País Vasco, pintando a sus habitantes de la manera más ridícula y extravagante. Entre los pueblos que peor suerte han tenido en lo que a esto se refiere, se cuenta Lesaka.

Queremos recoger un párrafo del libro del citado escritor que se titula «L'Espagne inconnue voyage dans les Pyrenees» (París, Amyot 1861). Después de decir que el Bidasoa va de E. a W. (pág. 65), nos habla de Lesaka en los siguientes términos:

«C'est au milieu de cette nature sauvage, que se cache, dans un entennoir de la rive gauche, l'austere et mysterieuse ville de Lessaca... Austere, par la couleur noire de ses habitations, les ruines imposantes de ses grandes tours du moyen age, et la flegme imposant d'une population eloignée du reste du monde: mysterieuse par la difficulté queprouve le voyageur a la decouvrir, dans so gorge sans issue. Nous pourrions ajouter: terrible, par ses souvenirs, car on arrive a ses premieres maisons en passant entre deux rangées inegales de vingt deux croix votives, qui rappellent autant d'assasinats... Ici mourut Juan Goria egorge le... Ici fut assassine Miguel Jerri, le .. Quelle gracieuse avenue! Quelle prevenance hospitaliere! Nous aurions suivi les autres sentiers qui se dirigent vers lanzi et Astigarraga que le meme contingent de menaonts souvenirs serait probablemente passe sous nos yeux» (pág. 66).

Es cómico el que todo un erudito historiador confunda un sencillo Vía Crucis con recordatorios de terribles y fantásticos crímenes.

La parte que está en francés dice así:

«En medio de esta naturaleza salvaje se esconde, en una especie de embudo de la margen izquierda, la austera y misteriosa villa de Lesaka... Austera, por el color negro de sus viviendas, las imponentes ruinas de sus grandes torres de la Edad Media y la imponente flema de una población alejada del resto del mundo; misteriosa, por las dificultades que encuentra el viajero para descubrirla en su garganta sin salida. Podríamos añadir: terrible también, por sus recuerdos; pues a sus primeras casas se llega pasando entre dos filas desiguales de veintidós cruces votivas, que recuerdan otros tantos asesinatos... Aquí murió Juan Goria degollado el [fecha]... Aquí fue asesinado Miguel Jerri el [fecha]... ¡Qué encantadora avenida! ¡Qué acogedora hospitalidad! Incluso si hubiéramos seguido los otros caminos que se dirigen hacia Yanci y Astigarraga, el mismo contingente de amenazantes recuerdos habría pasado, probablemente, ante nuestros ojos».

Así pues, el paso de los siglos, el trabajo comunal (auzo-lan) y la devoción y memoria de los lugareños han construido esta larga y singular historia de la ermita de Salbatore. A pesar de su reducido tamaño, está claro que este templo del barrio de Frain ocupa un profundo lugar en la vida religiosa, cultural y comunitaria de Lesaka, entre piedras, cruces y relatos orales que nos recuerdan la propia identidad de nuestro pueblo.

Pero como he dicho, el recorrido por las ermitas de nuestra localidad no termina aquí. En el próximo capítulo continuaremos el camino y hablaremos de la ermita de San Antonio: conoceremos el origen de ese particular edificio, las historias que alberga y la evolución que ha tenido a lo largo de los siglos.

Bibliografía:

Zabalza-Seguín, A. (Dir.) Piedra, hierro y papel: Trayectoria histórica de la villa de Lesaka. Ayuntamiento de Lesaka, 2016.

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